
por Paola Aedo. Presidenta Asociación Nacional de Mediadores Privados de Chile A.G . AMEP.
No conformes con la precaria calidad y estrategias que se han implementado en Chile bajo la monopolización de la Mediación Familiar en manos de unas pocas «empresas licitadas» a cargo de la Unidad de Mediación del Ministerio de Justicia que los subvenciona y articula, bajo un sistema que fomenta la creación de barreras de entrada a los MEDIADORES PRIVADOS para la prestación de servicios de mediación en materia de «mediación previa obligatoria» en forma «igualitaria» aplicando prácticas predatorias y de «competencia desleal», y por otra parte, lo disperso y confuso que se encuentra la aplicación de este método alternativo de resolución de conflictos en otras áreas controversiales por parte de distintas entidades públicas, que aplican mediación por personas no aptas ni preparadas para la utilización de la verdadera metodología de la mediación , quienes prácticamente a su libre albedrío, ejecutan en forma precaria e irregular la actividad mediadora , hemos considerado justificación más que suficiente como gremio para promover entre nuestros asociados la «formación continua» en materia de mediación y leyes que la rigen en sus más diversos ámbitos de aplicación, como así también en otras técnicas alternativas de resolución de conflictos.
El desarrollo y perfeccionamiento que iniciaremos a través de la Asociación Nacional de Mediadores Privados de Chile A.G. AMEP , durante el presente año 2019 apunta también a la creación de una serie de comisiones en las que ya nos encontramos trabajando, entre ellas, las comisiones antimonopolio, difusión y validación de la mediación privada, creación y articulación de redes de apoyo nacional e internacional, presentación de iniciativas o proyectos en materia de resolución alternativa de conflictos a través de fuentes de financiamiento nacional e internacional, bienestar para los asociados y sus respectivas cargas familiares, etc.
Todas las acciones antes señaladas se encuentran dirigidas a promover una «cultura de paz» , en que los conflictos que son inherentes a las relaciones humanas, puedan resolverse de manera pacífica a través del «respeto», el diálogo , la escucha activa y la colaboración sin ser necesario tener que incurrir en prácticas de carácter confrontacional , intimidantes y/o violentas que es como culturalmente nuestros compatriotas «creen» que son las vías «naturales de resolver conflictos», «el fuego no se apaga con bencina» y eso es algo que debemos ir corrigiendo y enseñando como profesionales a las personas y a los distintos agentes socializadores de nuestra comunidad.
La mejor manera de prevenir delitos como la violencia intrafamiliar, los femicidios, el bullyng, la desigualdad social, los abusos de poder, etc., es justamente resocializando la forma en que debemos resolver pacíficamente nuestras diferencias, no mirando «al otro como un enemigo si no como un colaborador» para que en conjunto se pueda llegar a «acuerdos» poniendo a través de esta «fórmula» fin a cualquier clase de diferencias o conflictos y ayudando en forma consecuente a mejorar las relaciones entre la partes en disputa , a través del entendimiento mutuo.
Por lo tanto ser Mediador o Mediadora «no es una simple función profesional», se requiere de mucho bagaje intelectual, del dominio de una serie de conocimientos, técnicas y herramientas , que no se puede éticamente tomar a la ligera, ni mucho menos estandarizar, burocratizar , ni incentivar bonificando acuerdos………., esto va en contra de los principios de voluntariedad de la mediación.
Las personas que van a mediación «son personas» y por lo tanto no se deben tomar como «una causa más», cada caso es distinto a otro, cada persona experimenta su propia realidad y es sobre esta realidad en particular sobre la cual se debe trabajar, de manera humana y empática como ese «tercer lado» (como lo define William Ury) que ayuda nada más ni nada menos, a que las partes «en conflicto» puedan a través de sí mismos llegar a acuerdos que pongan fin a la disputa que los convoca.


